Natalia Sánchez, protagonista de ‘Sueños de libertad’, rompe su silencio sobre el lado más duro de interpretar a Begoña y confiesa cómo le ha cambiado la vida el éxito de la serie

Natalia Sánchez se ha consolidado como la gran protagonista de Sueños de libertad, la ficción diaria que arrasa en Antena 3, abordando de frente el ritmo maratoniano de rodaje, la carga emocional de dar vida a una víctima de violencia machista y la presión del éxito con una contundente máxima: “En esta profesión tú no eres lo bueno cuando algo va bien, ni lo malo cuando va mal”, reflexiona en esta entrevista exclusiva con ElConfidencial.

Su carrera, forjada desde niña tras convertirse en un hito sociológico e icono de toda una generación en Los Serrano, ha encontrado la madurez y la consagración absoluta en títulos de época como Amar es para siempre y, en la actualidad, abanderando el imparable éxito de Sueños de libertad como la indiscutible reina de la sobremesa.

Lejos de acomodarse en la rutina del melodrama costumbrista, la intérprete mira hacia el futuro con la lección bien aprendida de no dar nada por sentado y con la ambición intacta por afrontar nuevos retos interpretativos, entre los que ansía dar un giro radical a su registro a través de la comedia o encarnando a personajes oscuros en las antípodas de su personalidad.

“Hay mujeres que se me acercan por la calle para decirme que ellas han sido otras Begoñas”

PREGUNTA. Sueños de libertad se ha convertido en la gran reina indiscutible de las sobremesas, batiendo récords históricos. ¿Cómo se gestiona psicológicamente el vértigo de liderar cada tarde ante más de un millón de fieles?

RESPUESTA. Da un poco de vértigo ver que algo funciona tan bien, porque siempre tenemos la sensación de pensar cuándo dejará de surfear la ola de esta manera. Pero nosotros estamos muy centrados en el trabajo del día a día y la superaudiencia que está teniendo, no es que no dependa de nosotros, pero es un regalo que no tiene que ver con que trabajemos más o menos.

El respaldo de la audiencia es un regalo extra, porque para nosotros el regalo es trabajar. Pero si encima tu trabajo lo ve mucha gente y lo disfruta, pues imagínate. Esto te impulsa a seguir y a seguir dejándote la piel cada día.

Dani Tatay y Natalia Sánchez, en 'Sueños de libertad'. (Atresmedia)
Dani Tatay y Natalia Sánchez, en ‘Sueños de libertad’. (Atresmedia)

P. Dicen que la televisión diaria es una auténtica trituradora de talento por el ritmo de grabación. ¿Qué es lo más difícil de mantener intacto cuando te enfrentas a un rodaje tan maratoniano?

R. Lo más difícil es seguir manteniendo la constancia en tu disciplina, incluso con tu motivación. Cuando repites un trabajo tantas veces, con tanto texto, las semanas vuelan, porque los planes de rodaje son intempestivos.

A mí no me ha pasado perder la motivación, porque intento mantener siempre una rutina y doy gracias cada día que me levanto por tener salud, trabajo y todo lo que tengo. Yo creo que esto es una escuela. Cada día es distinto y te permite jugar a nivel interpretativo, teniendo la oportunidad de lucirte con un personaje durante muchísimo tiempo, que esto no te lo da prácticamente nada, a excepción del teatro y en ese caso se trata del mismo texto.

P. Begoña encarna la lucha femenina de los 60. ¿Cuánto de tu propia visión de la mujer has podido volcar en los matices del personaje para darle la fuerza y la dignidad que transmite en pantalla?

R. Desgraciadamente, hay muchas cosas que no han cambiado con respecto a los años 60 y otras sí. Sigue existiendo maltrato de género, sigue habiendo mucho trabajo pendiente por hacer. En esa época era más obvio y tangible, pero es un trabajo que haces con toda la energía del mundo, poniendo todo lo que puedo de mi parte.

Begoña es un personaje que, pese a haber vivido varios maltratos en sus relaciones tiene una mirada bastante actual de la vida, porque si la trasladamos al 2026, su mirada sería bastante parecida. Es muy humana, empática, sensible y justiciera, que son cosas que son iguales en ambas épocas, porque habla de las personas no de sus circunstancias, de su situación o pensamiento político. Habla de lo que somos cuando nos quitamos las ropas y las señas de identidad. A veces, me identifico mucho con ella. Mi personaje me ha enseñado mucho, porque parece que las mujeres más formadas no pueden sufrir maltrato, y sí.

“Espero que me sigan diciendo ‘he crecido contigo’ cuando tenga 100 años”

P. Series como Sueños de libertad entran a diario en millones de hogares y educan a distintas generaciones. ¿Sientes que a través de las decisiones y la dignidad de Begoña estás lanzando un mensaje directo a las espectadoras más jóvenes sobre no renunciar nunca a su propia voz?

R. Ya me gustaría tener esa responsabilidad y que funcionara, pero nosotros no evocamos, sino que representamos unas realidades que hacen que tengas un pensamiento crítico y una lectura propia. En la serie siempre hay diferentes versiones de una misma realidad y el espectador decide con quién se posiciona. Nuestra intención no es educar, sino seguir movilizando y haciendo sentir. Como es habitual, habrá cosas que cabreen y otras que encanten.

Si la serie tiene esa capacidad de removerte en el asiento y que cuando acabe te haya molestado algo que hemos dicho, pues eso que nos llevamos. La responsabilidad de educar está en otros sitios, aunque sí confío en que mi personaje u otro, que se vea envuelto en una circunstancia complicada y pueda salir de ahí, ayude en casa. Me encuentro con muchas mujeres, sobre todo mayores, que me dicen que ellas han sido otras Begoñas. Todo eso motiva mucho a seguir defendiendo un personaje.

P. Cuando ruedas escenas donde Begoña tiene que pelear por derechos que hoy nos parecen básicos, ¿cuánto hay de homenaje a tus propias abuelas o a las mujeres de tu vida que sí tuvieron que transitar esa España tan estrecha?

R. Todo, y no solo a mis abuelas, sino a todas las mujeres que las rodearon. A sus madres, a sus abuelas, porque durante una época en España las mujeres han estado totalmente silenciadas, para lo bueno y para lo malo. Es un homenaje diario y también hay algo de viaje personal, de verte en la edad que tenía tu abuela, de verte en esa ropa, en ese comportamiento, el no cruzarse de piernas… Te ayuda a comprender mejor.

Natalia Sánchez, en 'Sueños de libertad'. (Atresmedia)
Natalia Sánchez, en ‘Sueños de libertad’. (Atresmedia)

P. Llevas encarnando a Begoña de manera ininterrumpida desde 2024, un personaje de un peso enorme y una presencia diaria constante. ¿En qué momento un personaje tan potente pasa de ser un regalo profesional a convertirse en un reto para no encasillarse? ¿Cómo trabajas para mantener el personaje vivo y no caer en el piloto automático?

R. A mí me encanta enfrentarme a cada día como algo completamente nuevo. En el teatro aprendí a no automatizar ningún día. Por supuesto que hay cosas que están en piloto automático, pero intento sorprenderme con cada secuencia que hacemos y no dar por hecho nada. Es mi reto personal, como en la vida, porque nada es para siempre.

No me quiero arrepentir ni un solo día fuera de esto, como todo en la vida: con la maternidad, con una pareja, con los amigos… Hay veces que parece que nos acostumbramos a las cosas y lo damos por hecho, y en esta vida no hay que dar nada por hecho.

P. Estar al frente de una serie diaria exige prácticamente un monopolio de tu agenda diaria. ¿Te queda tiempo o energía para respirar otros proyectos (teatro, cine, miniseries) o sientes que ahora mismo Begoña absorbe todo tu presente actoral?

R. Es una suerte tener un personaje que te absorba día a día y tener un lugar al que ir a trabajar a diario, se valora muchísimo, sobre todo tener un éxito así. Lo valoro muchísimo, me encanta tener un equipo al que ver todos los días, que ya son como una familia.

Yo he tenido la oportunidad de encarnar a otros personajes mientras daba vida a Begoña. Por supuesto que lo monopoliza y hay que darle prioridad, es un compromiso, al igual que cuando aceptas cualquier compromiso de teatro. He tenido que renunciar a cosas durante este tiempo y es una suerte poderlo hacer, porque eso implica que hay trabajo y movimiento. También ha sido posible porque tengo un equipo maravilloso que me ha hecho hueco en el calendario para rodar otras cosas, aunque sean poquitas, el fin de semana o un par de sesiones. Ahora mismo, hacer teatro es complicado, sobre todo por el proceso de ensayos.

“Queda todo de la niña que grababa en estudios Picasso, nunca suelto ni me olvido de nada”

P. Hablemos de ADN televisivo. Has pasado por dos de los pilares de la ficción española: fuiste la inolvidable Teté en Los Serrano y pasaste por Amar es para siempre. ¿Qué queda de aquella niña que creció ante toda España en los platós de Telecinco y que se ha convertido en la actriz madura y consolidada que vemos hoy en Antena 3?

R. Qué bonita pregunta, porque me haces pensar en mi niña interior. Queda todo, porque, para bien o para mal, nunca suelto nada ni me olvido de nada. No me olvido de la niña que grababa en los estudios Picasso y que iba a rodar cada día con ilusión, que se tomaba el trabajo con responsabilidad, que se lo tomaba como un juego que es igual que me lo tomo ahora.

Ahora, de adulta, es cierto que sí tienes que pararte más a respirar, porque la vida nos come. Te hace no desconectar de no perder la ilusión que tenía cuando era esa niña. Estoy feliz de tener salud, de tener un sitio donde desarrollarme profesionalmente, de tener una casa a la que volver por la tarde, una familia a la que abrazar y una amiga a la que contarle cómo me ha ido el día. Es bonito no desconectar del niño que fuiste y de la vida con la que vivía antes.

P. El salto temporal y generacional es brutal. ¿Cómo se vive el salto de ser el icono adolescente de una época dorada de la televisión en abierto a abanderar la ficción diaria de prestigio actual?

R. Afortunadamente, porque esto es fortuna, he tenido alrededor a personas maravillosas, como mis padres, mis hermanos, mi familia y mis amigos, y un equipo de profesionales también. No quiero quitarnos mérito a los que hemos tenido suerte, porque hay quien la tiene y decide no absorber eso, y yo decido absorber lo bueno y el aprendizaje cada día, porque es algo único. Valoro mucho la profesión y el oficio.

Hoy en día es muy habitual que haya boom de 0 a 200 por la repercusión por las plataformas de streaming, las redes sociales, lo efímero, y todo lo que sube baja. Nosotros vivimos una subida muy rápida, ya que Sueños de libertad tuvo un acogimiento maravilloso desde el principio. Tuvimos la suerte de tener al lado a muchos profesionales que nos enseñaron de qué iba esto y que tú no eres ni lo bueno ni lo malo de esta profesión. Que cuando algo va bien no eres eso y cuando algo va mal, tampoco. Que hay que centrarse en tu día a día y en tu texto. Lo vivo con calma, con más madurez, pero el trabajo sigue siendo el mismo.

He tenido la suerte de no haber tenido redes sociales en la época del boom de Los Serrano y de que era un público mucho más concentrado, porque todo el mundo en España estaba viendo ese canal: desde el niño de 7 al abuelo de 97 años. He podido ver cómo evoluciona el público y también la suerte que me digan “he crecido contigo”, espero que me lo sigan diciendo cuando tenga 100 años.

placeholderNatalia Sánchez y Dani Tatay, protagonistas de 'Sueños de libertad'. (Atresmedia)
Natalia Sánchez y Dani Tatay, protagonistas de ‘Sueños de libertad’. (Atresmedia)

P. Haber estado tan expuesta desde tan pequeña, ¿te hizo desarrollar algún tipo de escudo protector frente a la presión de la fama o todavía hoy te sorprende el cariño incondicional de la gente?

R. Siempre hay historias que te sorprenden y te traspasan. Ayer por la calle se me acercó una chica para decirme que había tenido una infancia muy difícil y que verme le alegra las tardes y los días. Me dijo que le daba un motivo para levantarse. Un mensaje así jamás va a dejar de sorprenderte. Este patrón lo vamos viendo una y otra vez y es como que desarrollar un superpoder de cuando te han reconocido y se van a acercas, el tipo de fan, etc…

Todo el mundo merece su tiempo, siempre que se pueda dar. Es que estas personas te están dedicando su tiempo viendo tu serie en lugar de otra, comentando tus publicaciones y no otras, por eso, tres minutos, lo merecen. Malo será cuando no te paren por la calle, porque será que tu trabajo no ha seguido desarrollándose.

P. Vivimos en la era de las plataformas de streaming y el consumo rápido, pero las series diarias siguen demostrando una salud de hierro y una fidelidad inquebrantable. ¿Por qué crees que el público sigue necesitando esa cita diaria ineludible con la sobremesa?

R. Porque te acompaña, al igual que nos acompaña a nosotros como actores. Sueños de libertad está muy bien escrita, leo guiones de todo tipo y es que ellos son muy buenos. Me engancho hasta con tramas que no son mías, incluso. Con mis tramas pido hasta más guiones de los que me corresponden, porque están muy bien escritos, conectan.

También es que desde Antena 3 se hace muy buen trabajo de acompañar, son muy fan de la serie, aman sus productos, y eso es un gustazo. Es un equipazo que nos acompaña en el camino y nos lo pone todo muy fácil, además de que cuida mucho al público y saben darle el mimo que merece.

Y en cuanto al público, es que acompañamos en el día a día… Sus rutinas, las costumbres, el costumbrismo de la serie, al ser un valor, nos gusta la rutina y nos da calma. Mucha gente la sigue en directo, pero hay otra muchísima que la ve a la carta, en diferido, y eso me alucina. Esto es precioso, el volver a la liturgia de respetar un horario y no ir a la carta.

P. Ficciones de época de gran producción pensadas para el prime time —como la reciente adaptación de Las hijas de la criada— demuestran un rendimiento brutal en Atresplayer y a la carta, pero sufren más en la televisión lineal en abierto. Con un prime time en España que arranca pasadas las 23:15 horas, ¿crees que el público nocturno ha migrado definitivamente al consumo bajo demanda o que los horarios imposibles están castigando a la ficción en abierto?

R. Hay que aceptar que las vibras son otras, al igual que cambia la música, también lo hace la televisión o el cine. Prefiero que lo vean en su iPad o donde sea, antes que no lo vean. Ha migrado el público, porque también han migrado las vidas, los horarios y estiramos mucho el chicle fuera de casa y hay familias de todo tipo. Todo va en función de las necesidades. Ya no te compras el disco entero, sino que tienes tu plataforma, seleccionas la canción que te gusta y te haces tu propia lista de reproducción.

Yo no creo que la tele en abierto muera, al igual que el teatro, que tiene esa magia del directo, desde que empieza hasta que acaba. A tu mente le viene bien tener ese horario ocupado. Pero también es una pena que en una tele en abierto se emita una serie en un horario en el que, seguramente, estás demasiado cansado como para seguir una ficción.

P. Tras más de dos décadas en este medio, ¿cuál dirías que ha sido el mayor aprendizaje y qué es aquello a lo que hoy le dirías un “no” rotundo que antes aceptabas por miedo o inexperiencia?

R. Empezando por la última, no sé a qué diría que no. Supongo que a algo que supusiera una renuncia personal muy grande, porque el tiempo no vuelve y soy más consciente que nunca de que hay cosas que no volverán, sobre todo desde que tengo peques o cuando se van personas mayores de tu lado. A esto era a lo que se referían cuando te dicen “disfruta el tiempo con ellos, que algún día no estarán”. Priorizaría la parte personal.

Y mi mayor aprendizaje es que cada trabajo es único y que es una suerte seguir trabajando. También no dar nada por sentado, dejarme sorprender y hacer cosas que te incomoden cada día, porque todo lo que venga será un aprendizaje, seguir experimentando y desarrollando. Que nada está escrito, ni siquiera tu forma de interpretar ni de desarrollar un personaje. Prueba de ello es que puedes reencontrarte con un personaje años después, en teatro o leyendo guiones antiguos, que también lo hago, ya que ahora eres una persona completamente diferente. Tenemos una profesión que nunca deja de sorprenderte.

“Es precioso volver a la liturgia de respetar un horario y no ir a la carta en una época de consumo rápido”

P. Sueños de libertad retrata los años 60, una época donde la libertad femenina estaba encorsetada. Cuando interpretas los dilemas de tu personaje y miras a la sociedad actual, ¿sientes que hemos avanzado tanto como creemos o corremos el riesgo de dar pasos atrás?

R. El riesgo de dar pasos para atrás siempre está y por eso es importante formarse y cultivarse todo lo que se pueda. Informarse a nivel personal, no solo con las noticias actuales, sino con la historia y la historia contada desde muchos prismas para tener un pensamiento crítico y propio.

Cuanta más cultura y conocimiento haya, menos posibilidades existe de retroceder. Pero la recesión entra dentro de los planes si no se cuida lo que yo tenemos. Es muy importante darle el valor a lo que ya tenemos, no dar nada por sentado, no dar ningún derecho conseguido por sentado, no dar ningún beneficio por sentado, e incluso no dar por sentadas las relaciones. Son privilegios que se han conseguido a base de mucho esfuerzo y para que no vuelva a pasar, todo está en nosotros.

P. Si mañana pudieras elegir tu próximo papel al terminar esta etapa, ¿buscarías el choque radical interpretando a un personaje oscuro, contemporáneo o alejado de la época, o sientes que en el melodrama de época es donde has encontrado tu madurez interpretativa perfecta?

R. Me encantaría encontrarme con un personaje que estuviera en las antípodas de lo que soy, que supusiera un reto increíble, incluso a nivel físico. Me encantaría, porque es superalentador que puedes adaptarte a otros personajes que soy muy distintos a ti. Son un reto y un regalo.

Ahora mismo tengo muchísimas ganas de hacer comedia. En alguna secuencia que va sobre maltrato en la serie, siempre acabas diciendo “¡Ay, cuando llegue la comedia!”. Porque tu cuerpo necesita reírse, y cuando hay momentos más livianos y risueños yo me agarro como un clavo ardiendo. Me encantaría comedia o algo en el lado opuesto a lo que soy, pero la época me apasiona y si fuera otro proyecto de época de los años 60 me encantaría igualmente. Todo tiene algo bello y me apetece todo.

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