Marta Calvó (‘Sueños de Libertad’): «Doña Clara es una mujer muy avanzada para su época, y mentalmente muy abierta»

Hemos hablado con Marta Calvó sobre su personaje en ‘Sueños de Libertad’. ¡No te pierdas todo lo que nos ha contado!

Marta Calvó (Barcelona, 1962) interpreta en ‘Sueños de Libertad’ a Doña Clara, la madre de Pelayo Olivares (Alejandro Albarracín), una mujer de fuerte carácter y afilada lengua que está dispuesta a lo que sea para ayudar a su hijo a conseguir la posición política que desea obtener, siempre aconsejándolo para que su orientación sexual no lo ponga en problemas en aquella España de finales de los 50.

En esta conversación, la actriz nos comenta que admira a su personaje y siente un enorme cariño por alguien a quien describe como “una mujer muy avanzada para su época. […] Es una madre que sufre por su hijo, y por Marta en este caso. Y Marta le cae muy bien, desde el primer momento. Le parece una mujer como ella, una mujer resuelta, una mujer autónoma, y la admira.”

Con una amplísima carrera a sus espaldas en cine, televisión, teatro y doblaje, la intérprete barcelonesa nos habla en esta entrevista no sólo de su personaje en la ficción de Diagonal y Atresmedia, sino también de su próximo proyecto teatral, que la llevará de nuevo hasta el ancestral escenario del Festival de Mérida, y su preocupación por la llegada de la inteligencia artificial a la profesión del actor.

Entrevista con Marta Calvó, Doña Clara en ‘Sueños de Libertad’

Estoy muy contenta, principalmente por haber podido llegar al punto que estoy. Este es un trabajo de fondo, y muchas compañeras, muchas mujeres, han quedado en el camino, porque las cosas se empiezan a poner feas a partir de los 40, bastante feas: cada vez hay menos papeles, y somos bastantes actrices de la misma edad… entonces, llegar a este punto creo que también es para celebrarlo.

Yo lo celebro, estoy muy contenta, sin quitar hierro a lo que te estoy contando. Cada vez trabajo menos, y a partir de los 50 años somos invisibles absolutamente, y hay muy pocos papeles. Empieza a cambiar un pelín, pero aún falta mucho.

Normalmente son papeles de apoyo, de mamás o de abuelitas, que lo único que hacen es ser apoyo del personaje masculino. “Te doy el bocadillo, hijo mío, que te lo pases bien”, o algo así (risas). Es un poco exagerado, pero creo que se entiende, y es una pena que sea así.

A partir de una edad, no se escriben papeles bonitos y no se apuesta porque las mujeres podamos tener una vida y cosas que contar a partir de los 50, cuando precisamente es cuando más experiencia vital tenemos, y es uno de los momentos más bonitos y plenos de nuestra vida. Pero a pesar de esto, ni tan mal (risas). Estoy contenta de poder decir que sigo trabajando y que sigo trabajando en mi oficio.

Uno de esos últimos trabajos ha sido ‘Sueños de Libertad’. Como alguien que ha trabajado en series diarias como ‘Servir y proteger’, ‘Laberint d’ombres’ o ‘Amar en tiempos revueltos’, ¿qué piensas del momento dorado que viven las diarias?

Me parece ideal. Todo lo que se hace en el oficio me parece estupendo, porque siempre hay un público para todo, y todo tiene cabida y nos da trabajo a muchísima gente.

Hace unos años, había actores o actrices que se dedicaban solamente a cine y no tocaban la televisión, porque se la miraba un poco por encima del hombro, era como el hermano pequeño. Y después, cuando empezaron a escasear los papeles o empezó a haber menos oportunidades en cine, gente que no acostumbraba a hacer series (y menos diarias), optaron por hacer series, y es un trabajo absolutamente digno en el que se aprende una barbaridad.

Cuando un actor o una actriz pasa por una serie diaria, el resto ya te parece muy fácil (risas). Todo es a contrarreloj, tienes que estudiar muchísimo para el día siguiente y es una locura. Esto, claro, el público no lo sabe ni tiene por qué, pero para nosotros es una escuela brutal, donde te curtes al máximo. Por tanto, me parece maravilloso que las diarias tengan ese público tan fiel, porque hay espacio para todas las diferentes ficciones.

Respecto a tu personaje, Doña Clara, representa, como todos los roles femeninos de la serie, a un tipo de mujer de aquella España de finales de los años 50. ¿Qué fue lo que te llamó la atención de ella?

Yo creo que era una mujer muy avanzada para su época. Primero, porque era una empresaria, que había tenido que convertirse en ello a la fuerza, porque muere el marido. Entonces, se hace cargo de la empresa hotelera. Aparte, su hijo es homosexual.

En esa época, lo normal es que no se hablara este tema, pero ella es una mujer muy abierta, está al tanto de la orientación sexual de su hijo y para ella no supone ningún tipo de problema. El único problema que ve es la sociedad en la que se mueve, en la que su hijo podía ir a la cárcel. Aparte, los homosexuales quedaban señalados: se les llamaba sarasas, mariquitas, de la otra acera… había escarnio público.

Entonces, a mí me atrajo muchísimo, porque además tenía un punto cómico, o al menos a mí me lo parecía e intenté mostrarlo. Es una mujer muy directa, no tiene pelos en la lengua, y a mí esto me pareció muy divertido, y yo me divierto y me he divertido muchísimo haciendo a Doña Clara. Me encanta, la amo, es maravillosa Doña Clara (risas).

Además, aunque en un principio tenía sus reparos, terminó teniendo una relación incluso cariñosa no sólo con Marta (Marta Belmonte), sino también con Fina (Alba Brunet).

Claro, por eso mismo que comentábamos antes. Es una mujer mentalmente muy abierta, muy avanzada para su época. Ella entiende que, si su hijo ha tenido un novio, el amor de su vida, ¿por qué no puede pasarle a Marta?

Ella en un principio pone el grito en el cielo únicamente porque no haya un escándalo. Ella sufre por este tema, sufre mucho por su hijo. y después ya en otra instancia más lejana, por todo lo que puede pasar con los negocios que tienen. Pero básicamente es una madre que sufre por su hijo, y por Marta en este caso.

Y Marta le cae muy bien, desde el primer momento. Le parece una mujer como ella, una mujer resuelta, una mujer autónoma, y la admira. Admira encontrarse un espejo más joven, y creo que se ve un poco reflejada en Marta, aunque ella a esa edad no estaba tan metida en los negocios como lo estuvo después.

También estoy muy contenta de que el fandom Mafin me haya adoptado después (risas). Tengo que decir que no soy mucho de las redes. No me interesan demasiado, pero como todo el mundo en algún momento, sí que saco la nariz por allí a veces, y me hacía mucha gracia porque, claro, Doña Clara les caía mal, pero muy mal (risas). Pero como estoy acostumbrada, porque normalmente hago asesinas, hijas de su madre, antipáticas, estiradas… pues pensaba: “Ah, vale, es más de lo mismo” (risas), pero me encanta que después ya les gustase más Doña Clara.

Con Marta Belmonte habéis sido nuera y suegra ya dos veces, en ‘Servir y proteger’ y ahora en ‘Sueños de Libertad’. Con Alejandro Albarracín ya habías trabajado también en ‘Gavilanes’ y lo volverás a hacer pronto en el teatro. ¿Cómo ha sido ese trabajo con ellos?

Yo los amo a los dos. Además, nos queremos mucho, de verdad. Nos queremos muchísimo. Con Marta, ahora ya decimos que nos vendemos como pack, pero como madre e hija. Marta siempre se acerca a mí y dice: “Por favor, contratarnos de madre e hija” (risas). Trabajamos muy bien, nos entendemos muchísimo y nos reímos muchísimo, igual que con Alejandro.

Para mí fue el regalo de la vida que fuera mi hijo, ¿sabes? Porque nos hemos entendido de maravilla. Ya nos conocíamos, como bien has dicho, de ‘Gavilanes’, aunque en esa serie yo trabajaba más con Rodolfo Sancho.

Ha sido un placer hacer de madre de Alejandro y con Marta, pues bueno, espero que ya quede una cosa como instalada, ¿no? Cuando piensen en una suegra o madre de Marta, que vengan a mí, que ya lo tenemos montado (risas). Marta es un ser excepcional, igual que Alejandro. Son dos seres maravillosos.

En el horizonte, tienes ‘Fedra, en los infiernos’, para el Festival de Mérida. Qué proyecto tan bonito y, además, en ese escenario tan único.

No puedes imaginarte lo que va a ser. Yo animo a todo el mundo que, a partir del 12 de agosto y hasta el 16, no tenga muy claro qué plan hacer, que venga a Mérida. Durante el día toca achicharrarse un poquito, no nos vamos a engañar, pero por la noche se puede disfrutar mucho porque es una obra que no va a dejar a nadie indiferente. Es una brutalidad, es fantástica.

Representamos una obra que ha escrito José María del Castillo basándose en el mito de Fedra, escrita, además, para Lydia Bosch. Lydia es como mi hermana. Somos íntimas amigas desde ‘Motivos personales’, y teníamos unas ganas tremendas de volver a trabajar juntas, pero no se había dado la ocasión.

En esta ocasión, ella toma las riendas de un personajazo, que os vais a quedar con la boca abierta. La vais a adorar, vais a querer bajar a darle besos mientras esté trabajando (risas). El resto hacemos intervenciones y ayudamos a contar la historia.

Es una obra muy bonita y muy dinámica. Creo que los espectadores van a querer más, porque nosotros leyéndola hemos pensado lo mismo. ¿Ya se acaba? Queremos más (risas). La gente va a disfrutar muchísimo.

¿Qué significa para un actor actuar en Mérida?

Es la segunda vez, por suerte, que trabajaré en Mérida. La primera vez fue con ‘Las Tesmoforias’, que dirigía Esteve Ferrer.  Recuerdo el primer día que subí a ese escenario, a media tarde, que aún había sol. No estrenábamos aquel día, sino que acabábamos de llegar y fuimos a ver el teatro. Para mí fue como una cosa ancestral, se me erizó el vello. Me quedé como tan impresionada como paralizada. Me llegaba una energía… algo que no podía explicar. Me había pasado cuando era muy jovencita, que fui con el colegio a Roma, y al entrar en el Coliseum, algo ancestral se apoderaba de mí. Pues lo mismo me pasa en Mérida. Da un respeto brutal. Lo tienes que vivir para entenderlo. Es un teatro absolutamente impresionante.

Esas piedras transmiten cosas, y te sientes conectado a siglos y siglos de historia de teatro, y a tantos actores y actrices que han pisado el escenario. Es algo muy especial. Ya ves que estoy entusiasmada.

En estos momentos tan convulsos para el mundo, qué importante es el teatro como espacio de unión entre seres humanos.

Desde luego, sí. Estoy totalmente de acuerdo. Tal como está el mundo, en este momento tan terrible que vivimos, yo pienso que en agosto estaremos en Mérida interpretando la obra, pero a saber, ¿no? A saber lo que puede pasar. Ojalá todo vaya bien.

El teatro es comunión. Además, tiene una cosa maravillosa, que es que hay un hilo conductor entre los actores y el público. Y es un hilo invisible. Una cosa que tú, mientras estás hablando, lo notas en el público, ves que lo tienes enganchado. Y cuando ese hilo se rompe, es que algo no estás haciendo bien, así de claro. No tiene la culpa el público. Se aburren porque algo falla en el escenario. Ese hilo es maravilloso. Además, Mérida es un sitio donde la gente está muy acostumbrada a ver grandes espectáculos, y son grandes entendidos en teatro. No se puede pedir más.

Como alguien que también se ha dedicado al doblaje, ¿cómo vives la llegada de la IA a la profesión?

Yo hace muchos años que ya no me dedico como tal al doblaje, salvo algunas cosas pequeñas, pero es muy preocupante. Creo que los gobiernos deberían estar ya legislando sobre este tema.

A mí la IA me fascina y me aterra a la vez. Yo procuro verme documentales sobre la IA, porque es como ver ciencia ficción, con la diferencia de que esto ya no es ciencia ficción, es una realidad. La suplantación de voces y de imagen empieza a ser muy preocupante y estamos bastante desprotegidos. La IA ha venido para quedarse. Se van a destruir muchos trabajos, y en nuestro sector, yo creo (y espero equivocarme) que el primero en caer será el doblaje. No sé muy bien qué decir, más allá de que es preocupante. Preocupante cuanto menos.

¿Hay algún objetivo que te quede por cumplir, aparte de continuar trabajando?

Sí, claro. Siempre hay cosas que te gustaría hacer. No tengo ninguna fijación, eso es verdad, y siempre estoy muy agradecida por los personajes que hago y que me ofrecen.

No tengo un personaje en concreto que quiera hacer. Pienso que está por ver, y lo que venga tendrá que ser y será fantástico. Y así lo vivo, ¿sabes? Porque si no, a veces puedes caer en unas trampas propias que, más que hacerte vivir con ilusión, te pueden hacer sufrir. Yo creo que lo mejor aún está por llegar, y en todos los aspectos de mi vida. Estoy en una época fantástica en la que aún tengo que vivir lo mejor.

Back to top button

Adblock Detected

DISABLE ADBLOCK TO VIEW THIS CONTENT!